¡¡Qué semana tan intensa!! Ya he pasado el ecuador de mi estancia en el Liceo Nicolás Copérnico y la verdad es que cada día me llevo nuevas ideas para aplicar en clase. Si el primer día me llamó la atención la organización del centro, estos últimos días me están sirviendo para conocer mucho mejor cómo trabajan las materias de ciencias y tecnología, y estoy bastante impresionada. 👏😍
Ritmo, orden y concentración
El lunes estuve observando una clase de Biología de 2.º curso con un grupo de unos 30 alumnos. Algo que me sorprendió fue la cantidad de chicas que había en el aula. Mientras la profesora corregía un examen, los alumnos seguían tomando apuntes y trabajando con total normalidad. Me llamó mucho la atención que nadie protestara por continuar la clase aunque quedaran apenas cinco o diez minutos para terminar. Tienen muy interiorizado el horario de 45 minutos de clase y 10 minutos de descanso, y eso se nota muchísimo en cómo aprovechan cada minuto. Sin duda, es una de esas ideas que me encantaría poder trasladar al IES Campiña Alta, porque marca una diferencia real en el bienestar del profesorado.
Aprendizaje más cercano
El martes y el miércoles pude asistir a varias clases de Química y Matemáticas. Aquí descubrí una de las grandes ventajas del sistema: los grupos reducidos. En muchas asignaturas trabajan con entre 10 y 15 alumnos, lo que permite una atención mucho más personalizada. En Química presencié una práctica sobre entalpía en la que los alumnos trabajaban en grupos de cuatro con bastante autonomía mientras el profesor podía ir resolviendo dudas prácticamente de manera individual.
En Matemáticas también me llamó la atención la participación: los alumnos salían a la pizarra con naturalidad, se ayudaban entre ellos y mostraban bastante interés por seguir practicando.
Un detalle que marca la diferencia
Pero si hay algo que me ha gustado especialmente ha sido la organización de los espacios. Muchas aulas cuentan con una pequeña sala anexa reservada para el profesorado. Es un lugar donde puedes dejar material, preparar la siguiente clase o simplemente tomarte un café entre sesión y sesión. Parece un detalle pequeño, pero facilita muchísimo el día a día y hace que esos diez minutos de descanso sean realmente útiles.



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