Todo lo bueno se acaba, y esta experiencia en Faro llega a su fin. Me voy con la sensación de haber aprendido muchísimo, pero sobre todo de haber aprendido cosas que van un poquito más allá del aula.
Durante estos días hemos hablado mucho de bienestar, cuerpo, mente y emociones, pero no solo desde la teoría. Hemos experimentado, probado y, sobre todo, parado. Y creo que esto último ha sido uno de los aprendizajes más importantes.
Hemos descubierto cómo incorporar pequeñas prácticas de meditación y yoga en nuestro día a día, no como algo extraordinario que hacemos cuando tenemos tiempo, sino como herramientas para vivir de una manera más consciente, reducir el estrés y ayudar a nuestro organismo a salir de ese estado de alerta permanente en el que muchas veces vivimos.
También hemos hablado de algo tan sencillo —y tan olvidado— como la naturaleza. Pasear, respirar aire libre, observar, escuchar… volver a conectar con lo que tenemos alrededor puede ayudarnos a bajar el ritmo y a reducir el estrés. A veces parece que necesitamos grandes soluciones cuando quizá solo necesitamos volver a lo esencial.
Una de las ideas que más me ha llamado la atención es la concepción del mindfulness en China, donde se relaciona con la idea de presencia + corazón. Estar realmente aquí, en este momento, pero hacerlo también desde lo emocional. Y qué difícil parece a veces algo tan sencillo como estar donde estamos.
También nos llevamos diferentes técnicas para dejar de sobrepensar, algo que, personalmente, me parece un auténtico superpoder en estos tiempos de darle vueltas a todo. 😝
Y hubo una parte que me tocó especialmente como docente de Música: el sonido y su impacto en nuestro cuerpo. Cada sonido tiene una frecuencia y nuestro cuerpo responde a ellas de diferentes maneras. Esto no era nuevo para mí —ya lo había estudiado durante la carrera de Musicología—, pero ha sido muy interesante volver a acercarme a ello desde otro lugar: desde el momento presente y, sobre todo, desde mi mirada como docente.
También trabajamos The Four Agreements y diferentes herramientas relacionadas con la comunicación consciente. Ideas que, aunque puedan parecer sencillas, nos invitan a revisar cómo hablamos, cómo escuchamos, cómo interpretamos lo que nos sucede y cómo nos relacionamos con los demás.
Y creo que ahí está una de las grandes enseñanzas de estos días: cuidar la mente y cuidar el cuerpo no son cosas diferentes. Forman parte de lo mismo.
Me voy de Faro con muchas ideas, nuevas herramientas para llevar al aula, aprendizajes para compartir con mis alumnos y también algunos deberes para mí misma: respirar un poco más, escuchar un poco mejor, pensar un poco menos y volver a conectar con la naturaleza siempre que pueda.
Y, por supuesto, gracias a mi Erasmus docente por recordarme una vez más que los profes también necesitamos seguir siendo alumnos.
Hasta pronto, Faro. Obrigada por tanto. ❤️





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